Es admirable el espíritu comunitario que desarrollamos en la web.
Enseguida que recibimos un correo solicitando ayuda para una persona (como esa niña que desde 1994 tiene 5 años y a la que ya operaron por lo menos 32 veces y que nuevamente volverán a hacerlo) o de alerta por un nuevo virus (como el que “ayer a la tarde anunció la CNN y que enciende una antorcha olímpica que quema el sector “zero” del disco duro”), lo reenviamos a todos nuestros contactos.
Desde hace unas semanas circulan correos que mencionan un presunto estudio de la Universidad de Princeton acerca del efecto nocivo que tienen los imanes pegados en la heladera, sobre los alimentos que allí se guardan.
No es necesario tener un PhD de alguna universidad para desconfiar de tamaña fantasía. Cualquiera sabe que vivimos rodeados de campos magnéticos, holgadamente más poderosos que los de estos inocentones stickers, que casi ni se sostienen. Es probable que el propio compresor del refrigerador contenga imanes mucho más potentes.
Lo que debe haber ocurrido, a mi entender, es que el ilota que generó esto posiblemente tuviera pegados los imanes del lado de adentro de la heladera, para evitar que se borraran cuando la mucama pasaba el trapo con acaroína. lo cual le obligaba a abrir el electrodoméstico con mayor frecuencia de la habitual, produciendo que los alimentos guardados se degradaran por alteración de la cadena de frío. Esto, sumado a la dudosa procedencia de la materia prima utilizada por sus proveedores de comida chatarra, debe haberle provocado una intoxicación de órdago. Mientras hacía su reposo obligado, el estado morboso lo habrá llevado a fantasear esta historieta, que volcó en la notebook que tenía al lado de la cama y desparramó luego irresponsablemente.
Yo, por si acaso, escaneé los 75 stickers que tenía adheridos y los imprimí en hojas A4 de 80g/m2. Son 6 hojas, en total, que pegué sobre la puerta de la heladera, utilizando un poco de “mucílago Sta.” que me queda de cuando iba a la escuela. Por las dudas, viste?

